La disciplina del silencio

“La labor del docente, creo yo, es principalmente la de escuchar, más que la de hablar.”

Por: Emilia Kiehnle

Se ha hablado mucho de los beneficios físicos y espirituales del silencio. Darnos espacios de silencio nos ayuda a descansar la mente y el cuerpo, a centrarnos en nosotros mismos, a cultivar la calma y a reflexionar. Sin embargo, en esta ocasión quiero hacer énfasis en la importancia del silencio como una disciplina para el cultivo de las relaciones sociales, particularmente para la relación del profesor y el alumno. 

Ayer tuve la oportunidad de participar en un coloquio de filosofía con mis colegas docentes de la universidad, en donde uno de los temas que se tocó fue el de buscar una filosofía educativa que apueste por la persona. Educar es mucho más que simplemente transmitir conocimientos o instruir en determinadas habilidades: se trata de guiar, de ayudar a la persona a…

Ver la entrada original 486 palabras más

Urgente: se buscan emprendedores culturales

“Hoy las artes y los negocios están divorciados. En gran medida, el divorcio es culpa de un mito estúpido que ambos mundos se empeñan en alimentar.”

 Por Juan José Díaz

En una entrevista que le hicieron a la filósofa norteamericana Martha Nussbaum, con motivo de su libro Not For Profit: Why Democracy Needs the Humanities, leí esta aseveración: “The arts (…) are extremely valuable for the development of sympathy and imagination. (…) They also promote a sense of discipline and accountability to others” (“Las artes (…) son extremadamente valiosas para el desarrollo de la simpatía y la imaginación. (…) También promueven un sentido de disciplina y responsabilidad hacia los demás”).

En un país —en un mundo— tan hambriento de humanidad y de justicia, ¿no es verdad que necesitamos con urgencia que la gente desarrolle su simpatía y su imaginación, no para volar sin destino aparente, sino…

Ver la entrada original 759 palabras más

La Matrix y la sociedad del espectáculo

Por: Rafael Santamaría Ortega Rafael vive en en Bogotá, Colombia. Es estudiante de filosofía de cuarto año en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. En este artículo, Rafael Santamaría nos dice que Internet y las redes sociales se han unido para crear una Matrix que le ha permitido a la sociedad de mercado asegurar su […]

a través de Artículo: La Matrix y la sociedad del espectáculo — Revista De Filosofía – Ideas que se leen

Los sentados

Texto que publiqué originalmente el 16 de junio de 2016 en el blog existencia y sentido que ya he descontinuado.

La forma en que vivimos puede ser clasificada de muchas maneras: con sentido o sin sentido, buena o mala, activa o pasiva, triste o alegre… Pero quiero señalar otra forma de referirse a la actitud frente a la existencia, me refiero a estar de pie o estar sentado.

Si uno vive la vida sentado significa que está esperando que las cosas sucedan, que prefiere la comodidad de lo conocido a la búsqueda de lo desconocido, que no importa lo bueno o bonito que aparezca al frente sino el confort de lo que ya obtenido. En cambio, una vida de pie es aquélla donde uno se lanza a experimentar lo que siempre ha querido, teniendo en cuenta que la comodidad puede no aparecer, lo que implica que para el que está parado ante la vida tiene más valor la experiencia y el esfuerzo que la comodidad y la seguridad de una vida estrecha.

¡Basta de estar sentado! ¡Es tiempo de salir al mundo! ¡Es el momento de estar de pie!

Y, tú, ¿eres de los sentados?

Costrosos, negros, flacos, con los ojos cercados
de verde, dedos romos crispados sobre el fémur,
con la mollera llena de rencores difusos
como las floraciones leprosas de los muros;

han injertado gracias a un amor epiléptico
su osamenta esperpéntica al esqueleto negro
de sus sillas; ¡sus pies siguen entrelazados
mañana, tarde y noche, a las patas raquíticas!

Estos viejos perduran trenzados a sus sillas,
al sentir cómo el sol percaliza su piel
o al ver en la ventana cómo se aja la nieve,
temblando como tiemblan doloridos los sapos.

Los Asientos les brindan favores, pues, prensada,
la paja oscura cede a sus flacos riñones
y el alma de los soles pasados arde, presa
de las trenzas de espigas donde el grano cuajaba.

Los Sentados, cual músicos, con la boca en sus muslos,
golpean con sus dedos el asiento, rumores
de tambor, del que sacan barcarolas tan tristes
que sus cabezas rolan en vaivenes de amor.

––¡Ah, que no se levanten! Llegaría el naufragio…
Pero se alzan, gruñendo, como gatos heridos,
desplegando despacio, rabiosos, sus omóplatos:
y el pantalón se abomba, vacío, entorno al lomo.

Oyes cómo golpean con sus cabezas calvas
las paredes oscuras, al andar retorcidos,
¡y los botones son, en su traje, pupilas
de fuego que nos hieren, al fondo del pasillo!

Mas tienen una mano invisible que mata:
al volver, su mirada filtra el veneno negro
que llena el ojo agónico del perro apaleado,
y sudas, prisionero de un embudo feroz.

Se sientan, con los puños ahogados en la mugre
de sus mangas, y piensan en quien les hizo andar;
y del alba a la noche, sus amígdalas tiemblan
bajo el mentón, racimos a punto de estallar.

Y cuando el sueño austero abate sus viseras,
sueñan, sobre sus brazos, con sillas fecundadas:
auténticos amores, mínimos, como asientos
bordeando el orgullo de mesas de despacho.

Flores de tinta escupen pólenes como tildes,
acunándolos sobre cálices en cuclillas,
como a ras de unos gladios un vuelo de libélulas
––y su miembro se excita al rozar las espigas.

Arthur Rimbaud

“Los sentados” de Carla Fuentes

Por primera vez en castellano, la ENTREVISTA a Michel Foucault: El poder, los valores morales y el Intelectual.

La revista De Filosofía tiene el gusto de presentar por primera vez al mundo hispanoparlante esta entrevista realizada a Michel Foucault en 1980 llamada “El poder, los valores morales y el In…

Origen: Por primera vez en castellano, la ENTREVISTA a Michel Foucault: El poder, los valores morales y el Intelectual.

Una persona tiene muchas cosas qué contar

Una persona tiene muchas cosas qué contar a pesar de la brevedad de la vida. Siempre hay un mirar arriba y un mirar abajo. No siempre acertamos, pero tampoco el error es absoluto. Lo verdaderamente importante no es la perfección, sino dar siempre lo mejor de uno; si no se entiende esto, la amargura y frustración serán cotidianos en el desarrollo del propio existir. ¿Una vida así? Qué desperdicio.

¿Qué voy a hacer de mi vida? ¿En qué voy a gastar los fugaces instantes de mi existencia? ¿En dónde encuentro mi plenitud? Éstas son preguntas fundamentales a las que su evasión es una terrible catástrofe: si no se les responde personalmente alguien más lo hará por uno o simple y sencillamente no habrá un rumbo qué seguir. ¡Desgracia! Tan pocos instantes tiene el ser humano como para no aprovecharlos, como para desperdiciarlos en la nada, en el sinsentido.

Hablar de la vocación es algo muy necesario en este tiempo. Una época en que, con todas las deficiencias del tiempo y de ideologías, se ha ido quitando esas grandes lagañas sobre algunos temas, como el concerniente a ciertas “obligaciones” ontológicas de cada género sexual. Hoy, con todas las deficiencias, repito, el hombre y la mujer tienen oportunidad de buscar lo que les satisfaga, de encaminarse hacia su propia plenitud. Y, si es así, ¿por qué no hacerlo? ¿Por qué conformarse con lo común y corriente cuando a la mano uno tiene la oportunidad de lo extraordinario? ¿Qué te apasiona? ¿Qué es lo que te llama? ¿Qué es lo que hace feliz y quisieras hacerlo para toda la vida?

Ahora bien, hablemos en serio. Hay cosas que nos alegran el día y otras que hacen de tal una jornada magnífica. Si de verdad se quiere vivir en plenitud no podemos quedarnos con simples momentos de alegría, de placer, sino ir más arriba. Cierto, esto implica esfuerzo, pero vale la pena, y mucho. Una vida mediocre es tristísima, a pesar de la fenoménica sonrisa en el rostro, porque no se está alcanzando el máximo de plenitud del propio ser y el tiempo sigue corriendo sin dar lugar a las pausas o retrocesos.

Una persona tiene mucho qué contar, pero mucho más por hacer, por vivir, por ser feliz, para tener más cosas qué contar…