Viernes Santo…

Que nuestra vida como cristianos no sea más que eco del siguiente himno:

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Sobre la diversificación de la creación

Hoy mientras estudiaba el ‘Tratado de la creación’ presente en la “Suma de Teología” de Santo Tomás me encontré con una enseñanza muy importante para el mundo en el que vivimos. En la cuestión 47, artículo 1, el Aquinate desarrolla una defensa de la diversificación de la realidad frente al hecho de ser efecto de un solo principio. Entender esto es muy importante para valorar la pluralidad de nuestro entorno, sobre todo desde un ámbito cristiano.

Es común que tendamos a la univocidad, o en palabras coloquiales, a querer recortar todo con la misma tijera, de tal manera que la realidad sea sólo de una manera específica (siempre la nuestra). El fundamento para ello es la idea de que al ser efecto de un solo principio es contradictorio pensar en lo múltiple. Sin embargo, es preciso comprender que tal contradicción en realidad no existe, puesto que como dice santo Tomás, “Dios aun cuando se uno, puede hacer muchas cosas”. ¿Cómo es posible esto? El mismo Tomás lo defiende de esta manera (en la cuestión 15): “Que esto no es contrario a la simplicidad divina es fácil de ver si se tiene presente que la idea de lo hecho está en la mente del que lo hace como algo que se conoce”. Así, la multiplicidad de lo real, incluyendo con ello el fruto de la actividad propiamente humana, está fundamentada ontológicamente.

Ello no termina allí. Santo Tomás, en la misma cuestión citada al principio,  expresa la razón de esta multiplicidad de la siguiente manera: “La diversificación y la multiplicidad de las cosas proviene de la intención del primer agente, que es Dios. Pues produjo las cosas en su ser por su bondad, que comunicó a las criaturas, y para representarla en ellas. Y como quiera que esta bondad no podía ser representada correctamente por una sola criatura, produjo muchas y diversas a fin de que lo que faltaba a cada una para representar la bondad divina fuera suplido por las otras. Pues la bondad que en Dios se da de forma total y uniforme, en las criaturas se da de forma múltiple y dividida”. La diversidad es necesaria para expresar de mejor manera (aún insuficiente) la bondad del ser divino. En otras palabras lo múltiple de la creación, incluyendo con ello la diversidad cultural, es expresión de la bondad absoluta. Ninguna parte de este todo que es el cosmos puede considerarse como la manifestación exclusiva del Bien sumo. La bondad de Dios se expresa en la diversificación de la realidad.

Pero, ¿por qué tendemos a uniformar todo? Pues por la razón de que todo apunta y va hacia el uno infinito que es Dios. No es una tendencia a la univocidad o uniformidad, sino a la unidad, conceptos totalmente diferentes. Deseamos estar juntos, más no ser lo mismo, porque somos imagen y vestigio del ser creador: una comunidad, la Trinidad.

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¡Viva Cristo Rey!

Hemos llegado al último domingo del tiempo ordinario. La Navidad, y su tiempo de preparación, están a la vuelta de la esquina. Hoy es el domingo en el que “heroica” y/o “patriotamente”, los cristianos católicos gritamos que Jesús es el Rey de reyes. Pero, ¿realmente tomamos conciencia de lo que esto implica? ¿Estamos entendiendo a qué Reino nos referimos cuando decimos que Jesús es el Rey?

A veces, los cristianos no entendemos muy bien esto del Reino de Dios. Lo imaginamos de maneras “muy extraordinarias” o “muy poco extraordinarias”. En unas pensamos literalmente a Jesús en el cielo, lleno de angelitos, dando órdenes para el funcionamiento correcto del mundo, haciendo milagros y determinando absolutamente todo, como un buen titiritero. En las otras imaginamos que este Reino tiene que ser conforme a nuestro estilo político (siempre tiránico), por lo que buscamos ordenar la sociedad mediante la imposición de leyes que contengan nuestros “valores cristianos”. Pero, ¿realmente este es el Reino del que Jesús habla en los evangelios? Basta con que nos fijemos en el texto que se propone para la celebración de hoy (Mt. 25, 31-46) para darnos cuenta que estas imágenes olvidan lo esencial.

Es necesario que al proclamar a Cristo como nuestro Rey entendamos primero de qué Reino estamos hablando. Aquí (Catecismo de la Iglesia Católica) y aquí (un cuadernillo bíblico) puedes encontrar información adicional sobre el tema. No obstante, sería importante que meditáramos el texto evangélico de esta liturgia dominical. El Reino que nos presenta Jesús es uno donde a Él nos lo encontramos en el más pequeño, en el abatido, en el marginado, en aquéllos donde según nuestra lógica Él no podría estar. Es un Reino en el que la vida cotidiana está marcada por su presencia, no de manera romántica, cursi, sino interpelante, exigente. Es un Reino donde la única Ley es el Amor, que se manifiesta siempre en la misericordia. Un Reino en el que sus ciudadanos están siempre en salida, en la calle, buscando un mundo más humano…

Proclamar a Jesús como Rey del universo debe hacernos tomar conciencia de nuestra participación en su Reino. También debe llevarnos a la acción, ahí donde está el sediento, el hambriento, el desnudo, el preso, el enfermo. De lo contrario, esa declaración no es más que la misma alabanza hipócrita que se le dio a Jesús el día de su entrada a Jerusalén, poco antes de que fuera enjuiciado, condenado y asesinado en la Cruz. Más que por nuestros labios, a Jesús se le reconoce como Rey de todo lo existente en nuestras acciones cotidianas, pequeñas o grandes, especialmente en aquéllas donde el insignificante, pobre, pequeño o marginado es significado, enriquecido, engrandencido y admitido. Que esta solemnidad no sea un alienante religioso más (de los que hay muchos y que Jesús mismo criticó) sino un momento de encuentro con el Señor que nos levante y nos haga andar a su encuentro en el hermano.

La disciplina del silencio

“La labor del docente, creo yo, es principalmente la de escuchar, más que la de hablar.”

Por: Emilia Kiehnle

Se ha hablado mucho de los beneficios físicos y espirituales del silencio. Darnos espacios de silencio nos ayuda a descansar la mente y el cuerpo, a centrarnos en nosotros mismos, a cultivar la calma y a reflexionar. Sin embargo, en esta ocasión quiero hacer énfasis en la importancia del silencio como una disciplina para el cultivo de las relaciones sociales, particularmente para la relación del profesor y el alumno. 

Ayer tuve la oportunidad de participar en un coloquio de filosofía con mis colegas docentes de la universidad, en donde uno de los temas que se tocó fue el de buscar una filosofía educativa que apueste por la persona. Educar es mucho más que simplemente transmitir conocimientos o instruir en determinadas habilidades: se trata de guiar, de ayudar a la persona a…

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Urgente: se buscan emprendedores culturales

“Hoy las artes y los negocios están divorciados. En gran medida, el divorcio es culpa de un mito estúpido que ambos mundos se empeñan en alimentar.”

 Por Juan José Díaz

En una entrevista que le hicieron a la filósofa norteamericana Martha Nussbaum, con motivo de su libro Not For Profit: Why Democracy Needs the Humanities, leí esta aseveración: “The arts (…) are extremely valuable for the development of sympathy and imagination. (…) They also promote a sense of discipline and accountability to others” (“Las artes (…) son extremadamente valiosas para el desarrollo de la simpatía y la imaginación. (…) También promueven un sentido de disciplina y responsabilidad hacia los demás”).

En un país —en un mundo— tan hambriento de humanidad y de justicia, ¿no es verdad que necesitamos con urgencia que la gente desarrolle su simpatía y su imaginación, no para volar sin destino aparente, sino…

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La enajenación del tiempo inexistente

Llega un momento de la vida en que uno reflexiona sobre la finitud de la existencia. Si bien, con fe uno puede afirmar una especie de extensión de la misma, racionalmente, por el momento (el biocentrismo postulado por Lanza es un ejemplo del esfuerzo racional que desea señalar tal continuidad), no podemos hacerlo. La muerte es lo único seguro de nuestro futuro.

Comúnmente, un error que llegamos a cometer en la vida cotidiana es la evasión del presente debido a una enajenación o con el futuro o con el pasado, una terrible y atroz falta que pagamos con lo más preciado que tenemos: la existencia. ¿Cuántas veces pasamos pensando que en el mañana las cosas serán mejor, que nos espera algo grande, que tendremos lo que deseamos, pero sin cuidar el hoy? ¿Nos damos cuenta que al vivir así estamos dejando pasar la única oportunidad real que tenemos que es el presente? O bien, ¿de qué sirve pasar la vida pensando en el hubiera si éste es tan inexistente como el futuro? ¿Nos damos cuenta de la esclavitud frustrante que impide nuestra plenitud en el presente?

¡Estúpida e infernal es la existencia enajenada con el tiempo inexistente! El presente es lo único que merece con detalle nuestra dedicación si queremos afrontar con entereza el futuro donde la muerte con seguridad se hará presente, y mejorar el pasado, ese presente no explotado al máximo de su capacidad.

La sociedad del mañana: esperanza o frustración

El siguiente texto es la continuación de un diálogo que hace tiempo emprendimos Rogelio Rivera Melo (Heroísmo Agonizante) y yo a través de nuestros blogs. Vamos a retomarlo conversando sobre la vida social.

Estimado Rogelio:

¡Por fin te escribo! Hay algo que me carcome interiormente, y creo que tú eres una de las personas indicadas para darle cauce, puesto que, es un tema que frecuentemente, de una u otra manera, he visto en tus redes sociales y blog.

Vamos al grano. Ahora me encuentro en un proceso de crisis intelectual, debido a que los fundamentos institucionales y epistemológicos en los que asentaba mi comprensión de lo real han sido cuestionados con severidad por la misma realidad. Las crisis siempre son buenas y necesarias, pues son el paso preciso para el crecimiento humano, así que en medio de esta situación, estoy relativamente tranquilo (no he sabido de un caso de muerte por crisis intelectual, por lo que creo que sobreviviré). 

De entre la gama de cuestiones que se me están imponiendo, hay una que punza muy fuerte: esta estructura social es un fracaso, desde la experiencia mexicana, no hay igualdad, no hay justicia, no hay orden, no hay pensamiento (reflexión, crítica), no hay comunidad, y los que se supone velan porque sí haya tales cuestiones están enfermos de egoísmo sumo así que sólo velan por su bienestar a costa de lo que sea. Si bien, es cierto que la perfección aparece como utopía, la mejora de las condiciones actuales, por el contrario, se vislumbran plausibles: urge un cambio en la sociedad, pero, ¿es posible? Si lo es, ¿cómo sería esa forma distinta de convivir?

Personalmente, considero en extremo complicada (casi imposible) la evolución estructural de la sociedad, empero, la historia, esperanzadoramente, contradice mi pesimismo. Ya he oído alguna vez que el sistema actual está en crisis, pero no veo esa debilidad, al contrario, pareciera ser que está más fuerte que nunca ya que nos tiene bien agarrados de muchas maneras; la principal de éstas, la falta de conciencia (y, por ende, preocupación) sobre la situación en que derrochamos nuestra existencia. Nos están dando opio para enajenarnos y así distraernos, mientras los colonizadores saquean, se hartan de todo lo que encuentren en nuestros bolsillos, en nuestro ser… Sea o no que el sistema actual esté en problemas, ¿cómo lo debilitamos? ¿Cómo venceremos la apatía de nuestros conciudadanos para despertar su conciencia? ¿Cómo creamos un sistema alterno que nos permita repetir la hazaña bíblica de David contra Goliat? Sé que ya hay muchos pequeños grupos combatientes, lo que se les aplaude, pero ¿realmente están siendo efectivos? Es decir, ¿no está siendo un mero desgaste de energía y recursos que bien podría servirnos cuando tengamos la estrategia indicada?

Con estas preguntas comencemos el diálogo. La referente a la estructura adecuada, dejémosla para cuando sea su momento.

Saludos.