La sociedad del mañana: esperanza o frustración

El siguiente texto es la continuación de un diálogo que hace tiempo emprendimos Rogelio Rivera Melo (Heroísmo Agonizante) y yo a través de nuestros blogs. Vamos a retomarlo conversando sobre la vida social.

Estimado Rogelio:

¡Por fin te escribo! Hay algo que me carcome interiormente, y creo que tú eres una de las personas indicadas para darle cauce, puesto que, es un tema que frecuentemente, de una u otra manera, he visto en tus redes sociales y blog.

Vamos al grano. Ahora me encuentro en un proceso de crisis intelectual, debido a que los fundamentos institucionales y epistemológicos en los que asentaba mi comprensión de lo real han sido cuestionados con severidad por la misma realidad. Las crisis siempre son buenas y necesarias, pues son el paso preciso para el crecimiento humano, así que en medio de esta situación, estoy relativamente tranquilo (no he sabido de un caso de muerte por crisis intelectual, por lo que creo que sobreviviré). 

De entre la gama de cuestiones que se me están imponiendo, hay una que punza muy fuerte: esta estructura social es un fracaso, desde la experiencia mexicana, no hay igualdad, no hay justicia, no hay orden, no hay pensamiento (reflexión, crítica), no hay comunidad, y los que se supone velan porque sí haya tales cuestiones están enfermos de egoísmo sumo así que sólo velan por su bienestar a costa de lo que sea. Si bien, es cierto que la perfección aparece como utopía, la mejora de las condiciones actuales, por el contrario, se vislumbran plausibles: urge un cambio en la sociedad, pero, ¿es posible? Si lo es, ¿cómo sería esa forma distinta de convivir?

Personalmente, considero en extremo complicada (casi imposible) la evolución estructural de la sociedad, empero, la historia, esperanzadoramente, contradice mi pesimismo. Ya he oído alguna vez que el sistema actual está en crisis, pero no veo esa debilidad, al contrario, pareciera ser que está más fuerte que nunca ya que nos tiene bien agarrados de muchas maneras; la principal de éstas, la falta de conciencia (y, por ende, preocupación) sobre la situación en que derrochamos nuestra existencia. Nos están dando opio para enajenarnos y así distraernos, mientras los colonizadores saquean, se hartan de todo lo que encuentren en nuestros bolsillos, en nuestro ser… Sea o no que el sistema actual esté en problemas, ¿cómo lo debilitamos? ¿Cómo venceremos la apatía de nuestros conciudadanos para despertar su conciencia? ¿Cómo creamos un sistema alterno que nos permita repetir la hazaña bíblica de David contra Goliat? Sé que ya hay muchos pequeños grupos combatientes, lo que se les aplaude, pero ¿realmente están siendo efectivos? Es decir, ¿no está siendo un mero desgaste de energía y recursos que bien podría servirnos cuando tengamos la estrategia indicada?

Con estas preguntas comencemos el diálogo. La referente a la estructura adecuada, dejémosla para cuando sea su momento.

Saludos.

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